paulichu
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Координаты 54

Uploaded 12 ноября 2016 г.

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рядом с Fort Pienc, Catalunya (España)

La Ruta del Modernismo de Barcelona es un itinerario por la Barcelona de Gaudí, Domènech i Montaner y Puig i Cadafalch, que junto con otros arquitectos hicieron de Barcelona la capital mundial del Modernismo. Con esta ruta podréis conocer a fondo impresionantes palacios, casas sorprendentes, el templo símbolo de la ciudad y un inmenso hospital, y también obras más populares y cotidianas, como farmacias, comercios, tiendas, farolas o bancos, hasta un total de 120 obras que demuestran que el Modernismo arraigó con fuerza en Barcelona y que aún hoy es un arte vivo y vivido.
Está compuesta de sótano, planta baja, cuatro pisos y azotea. La fachada principal tiene una tribuna barroca con barandillas de hierro forjado y relieves de diferentes clases de setas. Es de resaltar el picaporte de la puerta principal de gran complejidad. También hay varios bustos, dos bolas del mundo con peanas y encima de ellas cruces de cuatro brazos. Actualmente, alberga en su interior un restaurante. Perteneció a una antigua residencia, del modernismo, en el siglo XIX. En su entono se pueden apreciar diferentes edificios de Gaudí. Datos de contacto, se ubica en la Calle Casp, 48 08010 Barcelona (Cataluña) y su teléfono de contacto es 934124012
La Casa Lleó i Morera fue un proyecto encargado por Francesca Morera i Ortiz en 1902 al arquitecto Lluís Domènech i Montaner. En el Paseo de Gracia, 35 de Barcelona existía una antigua casa, llamada Rocamora, construida en 1864 por el maestro de obras Joaquim Sitjas. Lluís Domènech i Montaner proyectó una reforma integral de la casa preexistente, utilizando gran variedad de materiales y que se extenderá hasta 1906. Francesca Morera i Ortiz heredó la casa de su tío, Antoni Morera i Busó, pero murió antes de ver finalizada la reforma. Fue su hijo, Albert Lleó i Morera, quien se hizo cargo de las obras, dándole el nombre con el que se la conoce actualmente, Casa Lleó i Morera. Lluís Domènech i Montaner hizo una remodelación del anterior edificio, consiguiendo una auténtica obra modernista. Su propietaria le encargó derribar y reconstruir la fachada, colocar tres tribunas y balcones de piedra en los diferentes pisos, y hacer las obras del interior. El arquitecto, para poder realizar esta obra modernista, se rodeó de un grupo numeroso de artistas y artesanos, reconocidos por su capacidad creativa, como el escultor Eusebi Arnau, el mosaicista Mario Maragliano y el ebanista Gaspar Homar, entre otros. La fachada y el entresuelo fueron decorados con diferentes ornamentos, entre los que destacaban las esculturas de Eusebi Arnau que representaban dos parejas de figuras femeninas, pero que fueron destruidas en una reforma de los bajos de la Casa en 1943. En la fachada encontramos continuas alusiones al apellido de la familia, representando la flor de la morera con diferentes materiales, o las alegorías de los inventos del siglo XX. La fachada está coronada por un templete que excedía la altura permitida por el Ayuntamiento de Barcelona y por el que se tuvo que pedir el permiso necesario. El estallido del Modernismo lo encontramos en el interior, con uno de los conjuntos mejor conservados de la ciudad: vitrales, mosaicos, cerámica, escultura, madera, mármol, esgrafiado ... El vestíbulo y la escalera nos muestran las diferentes artes aplicadas modernistas que los artistas y artesanos supieron plasmar partiendo de la idea y la dirección del arquitecto.
La Casa Batlló construida entre 1904 y 1906 en el corazón de la ciudad, es la obra mas emblemática del genial arquitecto catalán. Gaudí dotó a la Casa Batlló de una fachada original, fantástica y llena de imaginación. Sustituyó la antigua fachada por un nuevo conjunto de piedra y cristal. Mandó repicar los muros exteriores para darle la forma ondulada, que luego revocó con mortero de cal y recubrió con trencadís de vidrios de colores y discos de cerámica. En la parte superior de la fachada el tejado tiene forma de lomo de animal y grandes escamas tornasoladas. El remate espinal está formado por piezas esféricas de grandes dimensiones con colores cambiantes de un extremo a otro de toda la cumbrera. La gran tribuna del salón principal de la planta noble, mirando hacia el Pg. de Gràcia se compone de ventanas de madera que se accionan de subida y bajada mediante contrapesos, con la particularidad de que no hay jambas ni montantes, de manera que es posible levantar todas las cristaleras y tener una abertura corrida, panorámica, por todo lo ancho del salón. A nivel de planta baja, planta noble y primera planta, la fachada incorpora esbeltas columnas de piedra de Montjuïc, que perfilan formas óseas decoradas con elementos florales típicamente modernistas. Las barandillas de los balcones con forma de máscaras son de hierro colado en una sola pieza y están fijadas mediante dos puntos de anclaje, de manera que parte de las mismas sobresale en voladizo. La fachada en su conjunto es una representación alegre, alegórica, con elementos orgánicos, cargada de simbolismo y de colores, todo un espectáculo en la ciudad que inspira los sentimientos mas sublimes a quienes la contemplan. La casa es un diálogo con la luz y el color. En la planta noble, residencia de la familia Batlló, Gaudí hizo una nueva distribución con tabiques de formas onduladas y decoró las habitaciones. Desde el vestíbulo en la planta baja, una robusta reja de hierro separa el acceso privado hacia la vivienda de la familia Batlló. Una gran escalera de madera se abre camino desde un recibidor de techos abovedados, dotado de lucernarios con formas de caparazón de tortuga. El espinazo de un gran animal tallado en madera noble se eleva a modo de pasamanos por huecos imposibles, dotando a toda la estancia de un ambiente submarino que transporta al mundo fantástico de Julio Verne. Aquí la idea de fondo marino es muy plausible, con los cromatismos de la superficie del mar, la arena, las bocas marinas. La vivienda familiar está dotada de un patio privado hacia el interior de la manzana, a la salida del comedor, en la zona mas íntima de la casa. Hacia el Pg. de Gràcia, está el salón principal de la casa, compuesto de un salón central y dos saloncitos laterales que pueden unirse formando una gran estancia al estilo de los lofts actuales. En la parte central, incorpora la gran tribuna, ya mencionada, que sobresale hacia la calle. El patio de luces es parte importantísima de la reforma. Gaudí ensancha el patio de luces y lo reviste completamente con azulejos con relieve, en distintos tonos de azules, que son mas intensos en la parte superior y mas claros en la parte inferior, logrando así una distribución uniforme de la luz. Las ventanas son mas pequeñas en la parte superior donde llega mayor cantidad de luz natural, mientras que hacia abajo, estas se van haciendo mas grandes. La parte inferior de las ventanas incorpora unas rendijas de madera que pueden abrirse o cerrarse asegurando una buena ventilación. En la parte central del patio de luces instala el ascensor, cuya hermosa cabina original de madera continúa en funcionamiento. La gran claraboya central consta de grandes elementos de hierro y cristales y cubre el gran patio de luces ensanchado por Gaudí. Esta gran claraboya es la que permite la entrada de luz en cascada por todo el patio de luces. La Casa Batlló es una obra maestra de forma, color y luz. Gaudí se anticipa con esta obra, a la tesis del racionalismo, que vendrá 30 años después con su idea moderna de la ventilación. La obra en su conjunto es un prodigio de diseño ornamental gracias a la eclosión de los oficios. Gaudí trabajó con los mejores artesanos de todos los gremios. La transformación del hierro forjado, donde la curva no sólo es retórica y estética, sino que también es refuerzo estructural; sinuosos trabajos en madera como puertas tridimensionales con sorprendentes relieves; vidrieras emplomadas de colores, que tamizan la luz natural; azulejos cerámicos con relieves, elementos ornamentales en piedra arenisca de Montjuic, todo ello da cuenta de la maestría de los artesanos de la época. El desván de espacios diáfanos y ventilados, que recuerdan la arquitectura mediterránea, llama la atención por la estructura de arcos. Desde la sala principal del desván, se puede observar el maravilloso mundo orgánico de Gaudí. En ella se aprecia la estructura de costillas y esternón que crean los arcos parabólicos, de gran modernidad, que sustenta la azotea. Las escaleras helicoidales de gran desnudez estructural, que comunican con la azotea, son asimismo de una gran potencia. La baranda de hierro de líneas sencillas son en sí una escultura del s. XX. En la azotea, el protagonismo del lomo del dragón de importante equilibrio estético de cara a la fachada, cede frente a los cuatro grupos de sinuosas chimeneas. Tras lo estético, está siempre lo funcional. Nunca el viento podrá obstruir la salida de humo gracias a unos sombreretes en la parte superior de las chimeneas, recubiertas del mismo trencadis vidriado que la fachada. Gaudí recubre las superficies curvas con baldosas troceadas, como hacían los bizantinos. Recorriendo la casa, los detalles no paran de sorprender por todas partes. Las puertas de cada piso están identificadas mediante letras de rasgos modernistas, diseñadas por Gaudí especialmente para la Casa Batlló. Los vidrios industriales en los rellanos de la escalera de vecinos, traslúcidos, pero no transparentes, permiten el paso de la luz con discreción a la vez que según como se mire, distorsionan los azules del patio de luces en bellas ondas de agua. Formas ergonómicas en pomos y pasamanos, tragaluces, lucernarios. Es la obra de arte total, el artista lo interviene todo: diseño, color, forma, espacio, luz. La obra consta de planta baja, principal con patio, cuatro plantas enteras, desván y azotea, acceso privado a la planta noble o principal, una escalera de vecinos que discurre por un patio de luces ensanchado y artísticamente alicatado como si se tratase de un paramento de fachada exterior. Desde la calle se accede a las cocheras, a ras de calle, que se adentran ocupando la parte subterránea del patio de la planta noble y desde las cuales se accede a las Carboneras, en la parte inferior. En total, la casa tiene mas de 5.000 m2 con su frente al Passeig de Gràcia y su fachada posterior al patio de manzana.
La Casa Amatller es un edificio modernista de Barcelona colindante con la Casa Batlló y cerca de la Casa Lleó Morera. Fue proyectado por el arquitecto Josep Puig i Cadafalch entre 1898 y 1900. Los tres edificios forman lo que se conoce como La manzana de la discordia. El edificio fue un encargo del industrial del chocolate Antoni Amatller a Josep Puig, que ideó un modelo de palacio gótico urbano, con una fachada plana, un patio central y una escalera que da acceso a las habitaciones principales. En la fachada pueden apreciarse las dos puertas asimétricas enlazadas por un San Jorge realizado por el escultor Eusebi Arnau. Por toda la fachada hay un esgrafiado que se une con la cerámica de forma delicada. El vestíbulo, como era muy normal en la época de su realización, estaba pensado para la entrada de carruajes; tiene ornamentación de lámparas y vitrales con dos escaleras, la más decorada y suntuosa para su paso al piso principal y la más sencilla para el resto de los pisos. El estilo es una mezcla entre el gótico catalán y el flamenco (caracterizado por la forma triangular plana de la parte superior de la fachada). La casa depende desde 1960 del Instituto Amatller de Arte Hispánico, fundación creada por los descendientes del fotógrafo Antoni Amatller. Fue declarada monumento histórico-artístico el 9 de enero de 1976.
Construido entre 1880 y 1881 ó 1882, este edificio fue el primero del Ensanche barcelonés que integraba la tipología y la tecnología industrial, combinando hierro y ladrillo visto, en el tejido del centro urbano. La Editorial Montaner y Simón es junto con la casa Vicens de Antoni Gaudí, uno de los pocos ejemplos que quedan de una manera de construir hoy en día desaparecida y ejemplifica también el paso de una arquitectura ecléctica propia del siglo XIX a un nuevo estilo, el modernismo. Lluís Domènech i Montaner y Antoni Gaudí establecieron las bases arquitectónicas que definieron dos vías de desarrollo diferentes: Gaudí encarnaba una corriente «expresionista», mientras que Domènech i Montaner se decantaba por el racionalismo. En 1879 Domènech i Montaner realizó los planos de la Editorial Montaner y Simón. Este edificio recoge muchas de sus preocupaciones respecto a la arquitectura, que no concebía como un elemento autónomo, sino vinculado a un contexto social e histórico concreto. En ese sentido, en 1878 publicó en la revista La Renaixensa el artículo «En busca de una arquitectura nacional», en el que, más que llegar a conclusiones definitivas o dar respuestas concretas, planteaba por primera vez una serie de cuestiones sobre la necesidad de una arquitectura nacional, que fuera a la vez la expresión de las inquietudes de la modernidad de una nueva era. El edificio de la Fundació está "encajado" entre las dos paredes medianeras de las casas contiguas. Para elevar su altura y subrayar su nueva identidad, Antoni Tàpies creó la escultura que corona el edificio, titulada Núvol i cadira (Nube y silla, 1990). La escultura representa una silla que sobresale de una gran nube. La silla, motivo recurrente en la obra de Tàpies, alude a una actitud meditativa y de contemplación estética. La fachada de este edificio combina influencias estilísticas clásicas, visibles en la puerta del centro y los dos cuerpos laterales simétricos, y musulmanas, como el uso del ladrillo sin pulir, los elementos de tipo mozárabe y la composición geométrica arabesca. La sede de la Fundació Antoni Tàpies fue declarada monumento histórico en 1997. De 2008 a 2010 el estudio Ábalos+Sentkiewicz Arquitectos lleva a cabo una segunda reforma del edificio para adecuarlo a las normas actuales de accesibilidad y para recuperar su carácter industrial original. En esta ocasión, se instala la obra de Antoni Tàpies Mitjó (Calcetín: maqueta, 1991; obra, 2010) en la terraza de la Fundació, situada en lo alto del nuevo edificio de oficinas.
En este edificio Comas utiliza un lenguaje medievalista, combinándolo con elementos modernistas, presentes particularmente en la planta baja y en el interior de la escalera. La fachada toma como referencia el gótico civil, que se expresa con contundencia en las tribunas del piso principal, en las ventanas ajimez del segundo piso y también en las impostas que recorren los dinteles de las ventanas rectangulares. La planta superior recrea una galería medieval, con una serie de arquillos de medio punto sobre columnas, cubierta con un alero bastante pronunciado. Las esquinas del chaflán están resueltas por medio de dos esbeltas torres terminadas en un agudo frontispicio con tejado a dos aguas. El acceso principal del edificio ocupa una gran parte del chaflán. La puerta está formada por tres grandes arcos de medio punto y columnas de fuste corto y capitel floral. Los arcos se cierran con tres grandes puertas de madera tallada. En el vestíbulo se repiten las grandes arcadas que dan paso a dos escaleras, la de vecinos y la del principal. Esta última, de aspecto monumental, se cubre con una espléndida claraboya triangular de cristales policromados.
Conocida como «La Pedrera» por su aspecto exterior, parecido al de una cantera a cielo abierto, la Casa Milà fue un encargo que el industrial Pere Milà i Camps y su esposa, Roser Segimon i Artells, viuda de un adinerado indiano de Reus, hicieron a Antoni Gaudí el año 1906. La idea era construir un edificio en la parcela en el límite entre Barcelona y Gracia, como residencia familiar, pero también con pisos de alquiler, en un momento en que el Ensanche de Barcelona se convirtió en el principal motor de la expansión urbanística de la ciudad, lo que trasformó al paseo de Gracia en el nuevo centro residencial burgués. La Pedrera se construyó como dos bloques de viviendas, con accesos independientes, intercomunicados por dos grandes patios interiores y con una sinuosa fachada común que transmite el ritmo interior. La estructura de la casa está hecha de pilares y permite disponer de una planta libre con grandes aberturas en la fachada. El edificio supuso una ruptura con el lenguaje arquitectónico de las obras de Gaudí, por la innovación tanto en sus aspectos funcionales como en los constructivos y ornamentales. En su plenitud profesional, a los cincuenta y cuatro años, después de haber conseguido un estilo propio e independiente respecto a los estilos históricos, Gaudí proyectó la Casa Milà (1906-1912), que se acabó convirtiendo en su última obra civil y, al mismo tiempo, en una de las más innovadoras en los aspectos funcionales, constructivos y ornamentales. De hecho, gracias a sus propuestas artísticas y técnicas, siempre ha sido considerada una obra de ruptura, fuera de los esquemas de su tiempo, una rara avis dentro del propio modernismo y, especialmente, una obra que se ha anticipado a la arquitectura del siglo XX. La Casa Milà es la cuarta y última de las obras que Gaudí realizó en el paseo de Gracia, en aquel momento la avenida más importante de la ciudad, que comunicaba la Barcelona vieja, que había derribado las murallas, con la villa de Gracia. Aunque se la conoce oficialmente con la denominación de Casa Milà porque fue una iniciativa inmobiliaria de esta familia, que también estableció allí su residencia, popularmente recibió el sobrenombre de «La Pedrera», que irónicamente alude, como ya se ha dicho, a su aspecto exterior, parecido a una cantera a cielo abierto. La Casa Milà, conocida popularmente como «La Pedrera», es un edificio singular, construido entre 1906 y 1912 por el arquitecto Antoni Gaudí (1852-1926) y declarado Patrimonio Mundial de la UNESCO el año 1984. Actualmente, el edificio es la sede de la Fundación Catalunya-La Pedrera y aloja un importante centro cultural de referencia en la ciudad de Barcelona por el conjunto de actividades que organiza y por los diferentes espacios museísticos y de uso público que incluye. La Pedrera es hoy un faro que irradia creación y conocimiento, un gran continente lleno de contenido, con un papel clave en la transformación de la sociedad y de compromiso con su gente. La Pedrera es probablemente uno de los edificios de la época modernista más conocidos en todo el mundo y una de las obras de mayor importancia del arquitecto Antoni Gaudí. Un continente que se convierte en una obra de arte en sí mismo. Su singularidad y su valor patrimonial y artístico quedan ampliamente acreditados con su inclusión en el Catálogo del Patrimonio Artístico de la Ciudad de Barcelona, en 1962; con la declaración de Monumento Historicoartístico de Interés Nacional por parte del Gobierno español, el año 1969, o con la inscripción, por parte de la UNESCO, como Bien Cultural del Patrimonio Mundial, en 1984, por su valor universal excepcional.
La casa Fuster es un edificio modernista barcelonés1 diseñado y creado por Lluís Domènech i Montaner entre los años 1908 y 1910.2. Domènech i Montaner utilizó en esta casa muchos de sus elementos característicos como arquitecto: base de robustas columnas en piedra roja, ventanas triloculares y ornamentación floral. El conjunto, no obstante, denota una gran contención expresiva, favorecida por el blanco del mármol y la euritmia de las dos fachadas principales organizadas alrededor de una tribuna corrida que a partir de la primera planta está torneada como una torre hasta el coronamiento del edificio; la posterior es, insólitamente, plana. El edificio se remata con unas mansardas de estilo francés. Se encuentra situado en el paseo de Gracia, al lado de la avenida Diagonal. Fue convertido en hotel de lujo en 2004.
La Casa de Les Punxes, también conocida como Casa Terradas, fue erigida en 1905 y diseñada por el arquitecto modernista Josep Puig i Cadafalch. Su construcción fue comisionada por Ángela Brutau, viuda de Bartolomeu Terradas i Mont -reconocido empresario textil y agrícola- y destinada a sus tres hijas: Àngela, Rosa y Josefa Terradas i Brutau. Josep Puig i Cadafalch se encuentra con el encargo de diseñar una casa para cada una de las hermanas. El arquitecto realiza un interesante proyecto de aires medievales, en el cual consigue unificar a la perfección los tres edificios, que aparentemente parecen una sola casa, un solo bloque constructivo. Los edificios debían construirse en un solar triangular, lo que impedía al arquitecto respetar los diseños del Plan Cerdà, su diseño se inspira entonces en la corriente Wagneriana propia del norte de Europa, un bloque con 6 esquinas, coincidiendo con las intersecciones de las tres calles Avinguda Diagonal, Carrer Rosselló i Carrer Bruc en la ciudad de Barcelona. La fachada principal será la de la esquina con la Avenida Diagonal y para enfatizar su categoría, el arquitecto situará dos torres circulares de medida y forma diferentes y de mayor tamaño que las situadas en el resto de vértices. Siguiendo la tendencia neogótica y con una función de mirador conseguirá romper con la simetría del edificio. Los tres inmuebles se dividían en una planta baja, destinada a local comercial; una planta principal, destinada a cada una de las propietarias; cuatro plantas destinadas a alquiler y una gran terraza donde se situaban las dependencias del servicio. La planta baja se construye en piedra con arcos y columnas decoradas con motivos florales y abstractos, mientras que en los pisos superiores se opta por la utilización de ladrillo rojo, combinado con áreas de piedra como las tribunas o balcones.
La casa Macaya es un edificio modernista situado en el número 108 del paseo de San Juan de Barcelona. Es un proyecto del año 1901 del arquitecto Josep Puig i Cadafalch. Fue declarado Bien Cultural de Interés Nacional por la Generalidad de Cataluña el día 9 de enero de 1976. La fachada se distingue por el color blanco, con esgrafiados en ocre realizados por Joan Paradís y el trabajo de forja de las rejas estuvo a cargo de Manuel Ballarín. A pesar de la austeridad de la fachada, el balcón corrido de la planta principal, los remates de las ventanas y una pequeña tribuna tienen gran ornamentación de la piedra labrada, por los colaboradores habituales del arquitecto: Eusebio Arnau y Alfons Jujol. En el capitel de la parte izquierda de la entrada principal, se aprecia la figura de un ciclista; se trata de un detalle del escultor hacia Puig i Cadafalch, que por entonces estaba construyendo la Casa Amatller y se desplazaba entre las dos obras (paseo de Gracia y paseo de San Juan) sobre una bicicleta. El vestíbulo se encuentra decorado con esgrafiados y azulejos, sobresaliendo una escalera hacia la planta superior, profusamente labrada en piedra con motivos florales. El edificio es propiedad de La Caixa y se utiliza para exposiciones de arte.
El Templo Expiatorio de la Sagrada Familia , conocido simplemente como la Sagrada Familia, es una basílica católica de Barcelona diseñada por el arquitecto Antoni Gaudí. Iniciada en 1882, todavía está en construcción (noviembre de 2016). Es la obra maestra de Gaudí, y el máximo exponente de la arquitectura modernista catalana. Es uno de los monumentos más visitados de España, junto al Museo del Prado y la Alhambra de Granada, y es la iglesia más visitada de Europa tras la basílica de San Pedro del Vaticano. La Sagrada Familia es un reflejo de la plenitud artística de Gaudí: trabajó en ella durante la mayor parte de su carrera profesional, pero especialmente en los últimos años de su carrera, donde llegó a la culminación de su estilo naturalista, haciendo una síntesis de todas las soluciones y estilos probados hasta aquel entonces. Gaudí logró una perfecta armonía en la interrelación entre los elementos estructurales y los ornamentales, entre plástica y estética, entre función y forma, entre contenido y continente, logrando la integración de todas las artes en un todo estructurado y lógico. Desde 1915 Gaudí se dedicó prácticamente en exclusiva a la Sagrada Familia, que supone la síntesis de toda la evolución arquitectónica del genial arquitecto. Después de la realización de la cripta y el ábside, todavía en estilo neogótico, el resto del templo lo concibió en un estilo orgánico, imitando las formas de la naturaleza, donde abundan las formas geométricas regladas. El interior debía semejar un bosque, con un conjunto de columnas arborescentes inclinadas, de forma helicoidal, creando una estructura a la vez simple y resistente. Gaudí aplicó en la Sagrada Familia todos sus hallazgos experimentados anteriormente en obras como el parque Güell o la cripta de la Colonia Güell, consiguiendo elaborar un templo estructuralmente perfecto a la vez que armónico y estético. La Sagrada Familia tiene planta de cruz latina, de cinco naves centrales y transepto de tres naves, y ábside con siete capillas. Ostenta tres fachadas dedicadas al Nacimiento, Pasión y Gloria de Jesús y, cuando esté concluida, tendrá 18 torres: cuatro en cada portal haciendo un total de doce por los apóstoles, cuatro sobre el crucero invocando a los evangelistas, una sobre el ábside dedicada a la Virgen y la torre-cimborio central en honor a Jesús, que alcanzará los 172,5 metros de altura. El templo dispondrá de dos sacristías junto al ábside, y de tres grandes capillas: la de la Asunción en el ábside y las del Bautismo y la Penitencia junto a la fachada principal; asimismo, estará rodeado de un claustro pensado para las procesiones y para aislar el templo del exterior. Gaudí aplicó a la Sagrada Familia un alto contenido simbólico, tanto en arquitectura como en escultura, dedicando a cada parte del templo un significado religioso. Durante la vida de Gaudí sólo se completaron la cripta, el ábside y, parcialmente, la fachada del Nacimiento, de la que Gaudí sólo vio coronada la torre de San Bernabé. A su muerte se hizo cargo de la construcción su ayudante, Domènec Sugrañes; posteriormente, ha estado bajo la dirección de diversos arquitectos, siendo Jordi Faulí i Oller director de las obras desde 2012. En la decoración escultórica han trabajado artistas como Llorenç y Joan Matamala, Carles Mani, Jaume Busquets, Joaquim Ros i Bofarull, Etsuro Sotoo y Josep Maria Subirachs, autor de la decoración de la fachada de la Pasión. La obra que realizó Gaudí, es decir, la fachada del Nacimiento y la cripta, fue incluida en 2005 por la Unesco en el Sitio del Patrimonio de la Humanidad «Obras de Antoni Gaudí». Es un monumento declarado en el registro de Bienes Culturales de Interés Nacional del patrimonio catalán y en el registro de Bienes de Interés Cultural del patrimonio español con el código RI-51-0003813. Es además, desde 2007, uno de los 12 Tesoros de España. El templo fue consagrado y declarado basílica menor el 7 de noviembre de 2010 por el papa Benedicto XVI. La Sagrada Familia es también conocida popularmente como la Catedral de los pobres, a causa del cuadro homónimo del pintor modernista Joaquim Mir. Ciertas estimaciones en función de los avances técnicos modernos y el creciente número de donaciones, prevén que su construcción podría finalizar en el año 2026, coincidiendo con la fecha del centenario del fallecimiento de Gaudí.
El Hospital de la Santa Creu i Sant Pau tiene sus orígenes en 1401 con la fusión de los seis hospitales que había entonces en Barcelona en uno más grande que sería gobernado por representantes de la ciudad y de la Iglesia a través de la Muy Ilustre Administración (MIA), institución que ha perdurado hasta nuestros días. Así nació el Hospital de la Santa Creu, claro ejemplo de gótico civil catalán. A finales del siglo XIX, se produjo una transformación económica y social del país, al tiempo que la asistencia sanitaria daba un salto hacia la medicina científica e incorporaba los principios higienistas. Debido al crecimiento de la ciudad y a los avances de la medicina, el Hospital quedó pequeño y se planteó la construcción de un nuevo edificio. Gracias al legado del banquero Pau Gil, el 15 de enero de 1902 se colocó la primera piedra del nuevo hospital. Al antiguo nombre de la Santa Creu se añadió el de Sant Pau para respetar la voluntad de su benefactor. De este modo, en 1930 se inauguró el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau. El arquitecto Lluís Domènech i Montaner (1850-1923) fue el encargado de este proyecto, que se convirtió en el edificio civil más relevante del modernismo catalán. El conjunto arquitectónico del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau es un referente muy importante del patrimonio y la cultura de la ciudad de Barcelona, ​​en particular, y de Catalunya, en general. Su valor arquitectónico y patrimonial van más allá de su localización urbana, adquiriendo una proyección europea e internacional. Ejemplo de ello es la declaración en 1997 del Hospital, junto con el Palau de la Música Catalana, de Patrimonio Mundial por la UNESCO por su singularidad constructiva y belleza artística. Sant Pau hoy El Hospital de la Santa Creu i Sant Pau inauguró en 2009 su nueva sede, un complejo sanitario situado en el extremo noreste del conjunto modernista y separado de éste. El traslado de la actividad hospitalaria permitió iniciar el proceso de rehabilitación de los pabellones modernistas, para dotarlos de otros usos vinculados a un nuevo proyecto. El Hospital actualmente está formado por cinco cuerpos, casi independientes que se unen en un gran vestíbulo que redistribuye la circulación y relaciona todo el complejo hospitalario. El Patronato, llamado la Muy Ilustre Administración, es el máximo órgano de gobierno del Hospital y está formado paritariamente por el Ayuntament de Barcelona, ​​el Capítulo Catedralicio y la Generalitat de Catalunya. Hoy el Hospital está integrado en la Red Hospitalaria de Utilización Pública de Catalunya. La Fundación Privada Hospital de la Santa Creu i Sant Pau es la institución encargada de gestionar y velar por el mantenimiento y la conservación del conjunto monumental y artístico de su recinto modernista, y lleva a cabo su actividad benéfico-asistencial. Algunos de los hechos más destacados de la historia del Hospital y de la ciudad se encuentran documentados en el Archivo Histórico del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau (AHSCP).
Can Serra es un edificio modernista situado en el número 126 de la Rambla de Cataluña de Barcelona, resultado del proyecto del año 1903 del arquitecto Josep Puig i Cadafalch. Declarado Bien Cultural de Interés Nacional por la Generalidad de Cataluña el 6 de marzo del año 2001. Ornamentación de una ventana con el busto de Fortuny. Diseñada como casa unifamiliar con aspecto de palacete, recordando la antigua casa Gralla renacentista desaparecida a mediados del siglo XIX, Puig i Cadafalch le rindió homenaje realizando la puerta principal y la ornamentación de las ventanas como una reproducción de dicha casa-palacio. Fueron el escultor Eusebio Arnau junto con Alfons Jujol los encargados de estos menesteres así como los que realizaron los medallones de los bustos de Cervantes, Fortuny y Wagner colocados sobre los ventanales. En el ángulo de la fachada se construyó una torre con aire medieval y el remate del edificio es un voladizo con cerámica vidriada. Sin llegar a ser habitada por su propietario, pasó a usarse como colegio de monjas a partir del año 1908; en el periodo de la Guerra Civil Española fue sede del Ministerio de Sanidad, pasada la contienda, el colegio se amplió entre los años 1943/1945, y se procedió a su venta hacia el año 1969. Hacia los años ochenta del siglo XX, se realizó otra nueva remodelación para adecuarlo a ser la sede de la Diputación de Barcelona, derribándose los añadidos y haciendo unas obras de restauración respetando la obra de Puig i Cadafalch y ampliando con un nuevo edificio en la parte posterior, proyecto de los arquitectos Federico Correa y Alfonso Milà.
El palacio del Barón de Quadras , es un edificio modernista, situado en el número 373 de la Avenida Diagonal de Barcelona (España), realizado por el arquitecto Josep Puig i Cadafalch entre los años 1904 y 1906. Fue un encargo del barón Manuel de Quadras a Puig i Cadafalch después de haberle rehabilitado la residencia que poseía entre las poblaciones de Hostalrich y Massanet de la Selva. El edificio fue una gran reforma sobre otro anterior. Dispone de dos fachadas, ya que está situado entre la Diagonal y la calle Rosellón. La fachada posterior (calle Rosellón, 279) tiene unos esgrafiados florales de policromía con una tribuna en toda su primera planta de la que su parte central sigue verticalmente por las cuatro plantas con un estilo Secesión de Viena. El forjador Manuel Ballarín realizó la puerta de forja. Por la parte de la Diagonal, tiene su fachada principal de doce metros de ancho, toda ella está labrada profusamente, pareciendo de inspiración plateresca. De la ornamentación se encargaron el escultor Eusebio Arnau junto con Alfons Jujol con grandes ornamentos heráldicos, guirnaldas y bustos de personajes. La tribuna corrida es la que llama más la atención, está compuesta por una galería de arcos escarzanos tallada completamente, en la esquina de la izquierda puede verse la figura de San Jorge en lucha con el dragón de Eusebio Arnau, con una composición de exagerada verticalidad, prácticamente una figura sobre la otra, por el condicionamiento del espacio donde están colocadas. En la segunda planta se encuentran cuatro ventanas de estilo gótico, en el siguiente piso existe una galería corrida de arcos y la última planta tiene un alero con gran inclinación y mansardas con gablete de madera y cerámica vidriada. La puerta está realizada, como la de la fachada posterior, por Manuel Ballarín de hierro forjado con vidrio. La escalera interior es el elemento más espectacular con el trabajo realizado en piedra de la barandilla hasta el piso principal, en el suelo se puede apreciar el mosaico a base de pequeños azulejos en tonos grises y blancos de dibujo ondulante. Desde el 2003 hasta el 2013 fue la sede barcelonesa de la Casa Asia. Actualmente es la sede del Instituto Ramón Llull, consorcio público de la Generalitat de Catalunya y del Ayuntamiento de Barcelona para la promoción internacional de la lengua y la cultura catalanas.
La Casa Comalat es un edificio modernista situado en el número 442 de la avenida Diagonal y con fachada posterior en el número 316 de la calle Córcega en Barcelona, siendo un proyecto del año 1906 efectuado en 1911 por el arquitecto Salvador Valeri i Pupurull (1873-1954). La fachada principal de la Diagonal está realizada en piedra, que al ser del modernismo tardío, está concebida con un gran decorativismo; en su parte baja la puerta es de madera con forja de hierro y a sus lados se encuentran dos grandes balcones de originalidad extrema con curvas que hacen evocar elementos orgánicos y tienen cierta semblanza Guadiana con la casa Batlló. Una tribuna central corrida se encuentra entre los pisos principal y primero acabando con un remate de afilado pináculo. El resto de la fachada lo compone doce balcones con sus bases decoradas escultóricamente y las barandillas de hierro forjado de gran curvatura. La parte superior de la fachada está rematada por una abertura calada y con gran ornamentación floral tallada en piedra en todo su alrededor y coronando por la parte trasera de la abertura, por una torre con forma de gorro de arlequín revestida con cerámica vidriada de color verde. La parte de la calle Córcega es totalmente colorista por la decoración a base de cerámica policromada extendida por toda la fachada realizadas por el artista Lluís Bru i Salelles con forma toda ondulante y con galerías de madera cerradas por persianas.
La casa Thomas está situada en el número 293 de la calle Mallorca de Barcelona. Proyectada por el arquitecto modernista Lluís Domènech i Montaner, por encargo del industrial Josep Thomas, su construcción data de los años 1895/1898, presenta una fachada con signos neogóticos, originalmente el edificio constaba de planta dedicada a taller de litografía y primer piso, donde tenía la vivienda el propietario. En el año 1912 se llevó a cabo una ampliación por el arquitecto Francesc Guàrdia i Vial, respetando el estilo inicial, consistió en el añadido de tres pisos y unas tribunas en los extremos de la fachada, en la última planta realizó una galería corrida con columnas similares a las que ya había en el primer piso. El vestíbulo está ornamentado ricamente con temas vegetales con la barandilla de la escalera forjada en hierro. En el año 1980 se hicieron nuevas obras de restauración, por el arquitecto Cristian Cirici i Alomar recibiendo el Premio Nacional de Restauración (1980).
La Casa Llopis Bofill es un edificio en la esquina de la calle Valencia con Bailén, en el barrio de la Derecha del Eixample de Barcelona. Es una obra del arquitecto Antoni M. Gallissà, considerada su proyecto más destacable, y fue ejecutada entre 1902 y 1903. Este edificio, que se enmarca dentro del estilo modernista, con influencias de la arquitectura islámica, es considerado un bien cultural de interés local. Gallissà construyó este edificio por encargo de Manuel Lobo i Bofill, un conocido abogado y terrateniente de Sitges. El arquitecto proyectó la obra en 1902, justo un año antes de su muerte. En su ejecución, Gallissà mostró la permeabilidad del modernismo a la influencia de las corrientes estéticas de otras épocas. Sin embargo, en el caso concreto de la Casa Llopis Bofill, el edificio se aleja de la tendencia goticista imperante en la mayoría de arquitectos modernistas en incorporar elementos del estilo neoárabe como el ladrillo. El autor se empleó mucho en la decoración del conjunto, sobre todo en un intento de reafirmación del espíritu nacional de Cataluña, en la línea que su maestro, Lluís Domènech i Montaner, la había definido en su artículo En busca de una arquitectura nacional. Esta faceta del arquitecto es corroborada por su trayectoria política, que lo llevó a intervenir activamente en la redacción de las Bases de Manresa, y presidir la Junta permanente de la Unión Catalanista en 1897. Actualmente, el edificio conserva un aspecto muy parecido al proyecto original, a pesar de las obras de reconstrucción de los desperfectos que sufrió durante la Guerra Civil. Las modificaciones comportaron, entre otras cosas, la pérdida de los revestimientos de la fachada del último piso y de la mayoría de las vidrieras policromadas. No obstante, el edificio sigue mostrando muchos detalles decorativos de interés. Se trata de un edificio de viviendas plurifamiliar, en un chaflán y haciendo medianera con los respectivos contiguos, tanto por la calle Valencia como por la calle Bailén. La obra sigue una de las tendencias que, por aquellas fechas, estaban en boga en Barcelona: la combinación cromática que produce una fachada resuelta con ladrillo visto (planta baja, planta superior y encuadres de los huecos arquitectónicos) y estuco con esgrafiados. El arquitecto contó con la colaboración del también arquitecto Josep Maria Jujol para la realización de los esgrafiados. Esta tendencia, contrapuesta a la del modernismo efervescente en su cromatismo y en su decoración, también estuvo puesta en práctica por Joan Rubió i Bellver en la Casa Roviralta - Frare Blanch, de la avenida del Tibidabo, todo y que en esta casa no hay esgrafiados. Teniendo en cuenta las dimensiones de la fachada de la casa, y para resolver sus ángulos, Gallisà optó por colocar en las esquinas y en el centro unas tribunas; actualmente la tribuna central ha visto modificadas las dimensiones de los agujeros de los ventanales, así como el menaje de la última planta que, a todas las tribunas, originalmente era de ladrillo visto y no de estuco. De este edificio destaca su factura y la gran plasticidad otorgada a las soluciones formales, gracias a los conocimientos de los materiales y de las técnicas constructivas que Gallisà, con este proyecto, nos demuestra que dominaba perfectamente. La gran cantidad de materiales empleados , entre los que destacan el hierro, el vidrio, la cerámica vidriada y el estuco, muestran una gran vistosidad de colores y detalles.

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