Координаты 253

Uploaded 16 апреля 2014 г.

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рядом с Arrate, País Vasco (España)

Ruta sencilla apta para cualquier persona. He buscado incluir sitios de interés histórico como ermitas, la cruz de Arrate o restos de la guerra civil como trincheras y la mina, sitios en los que habitualmente se ven animales domésticos como cabras, ovejas, burros o caballos, el interés paisajístico, puntos de descanso como Usartza o Ixua, con local hostelero en Ixua para un intermedio y todo reduciendo el desnivel al máximo eligiendo como punto de partida Arrate, a donde se puede subir en autobús desde Eibar todos los sábados y domingos del año.

Así que es una buena ruta para hacer en familia sin que sea una paliza.

El recorrido empieza en el santuario, junto al que para el autobús. Las primeras noticias del santuario son del siglo XV aunque la escultura de la virgen es gótica de principios del siglo XIV o finales del XIII. El actual edificio es del siglo XVII aunque tuvo importantes reformas tras la guerra civil al quedar parcialmente destruido. Lo más interesante es la propia escultura de la virgen y los 4 cuadros de Zuloaga que la rodean, el artesonado del techo con forma de quilla de barco y el barco velero a escala, regalo de pescadores de Ondarroa, que cuelga del techo.

Desde la parte trasera de la iglesia se extienden las vistas desde el Kalamua hasta el Ernio, con el mar al fondo. Precisamente si el santuario tiene tanto "recuerdo" marinero estando tan lejos del mar es porque el ábside de la iglesia, encalado antiguamente, se iluminaba por las noches con faroles y los pescadores lo usaban como referencia desde el mar para encarar la bocana del puerto de Deba.

A los pies del santuario hay dos restaurantes, el del tiro a pichón con sus pistas aún en uso y el Kantabria. Un bosquecillo de hayas en una vaguada se usa como lugar de comidas familiares en verano y de acampada juvenil durante las fiestas de septiembre. Esa vaguada separa el santuario de la vieja cruz del siglo XVII con su leyenda de darle tres vueltas para encontrar novio. Desde la cruz las vistas se extienden sobre Eibar y el valle del Ego con el Amboto y Urko de fondo.

Volviendo hacia el santuario por el bosque de hayas se llega a la campa de Arrate con su pista de arrastres hecha en piedra y las enormes piedras que los bueyes arrastran. La campa está rodeada por hayas y grandes mesas en las que los eibarreses gastan a la fresca las tardes veraniegas. La campa termina en las escaleras del hotel Krabelin, otro de los bares de Arrate. Tras él un hayedo oculta un sendero que sube a las campas de Olabe.

Estas campas son una amplia llanura presidida por un gran pino con columpio artesanal y en ella se celebran croses y otras pruebas deportivas, fue propiedad de Juan Olave, fundador de la fábrica de grapadoras El Casco y que se hizo un chalet en el lugar hasta que ETA se lo dinamitó en los años 70, pasando a ser finalmente propiedad municipal. Un lugar envidiable para tener un chalet por su llanura y sus amplísimas vistas.

La ruta sigue por la carretera que da acceso a la campa, en ella vale la pena mirar al terraplén derecho para buscar las piedras negras y redondeadas que no son otra cosa que almohadillas de lava. Hace millones de años este lugar era un volcán submarino y en sus erupciones acuáticas la lava forma características almohadillas redondeadas que son visibles en esta zona y alrededores.

La carreterilla de la campa desemboca en la carretera que une Arrate con Eibar, la seguiremos en dirección a Eibar unos cientos de metros con vistas a la ermita de san Pedro de Elgoibar hasta el primer camino que surge a la derecha. El camino llanea hasta alcanzar enseguida un cruce señalado con un poste, iremos por el de la izquierda.

El camino principal asciende a media ladera, dejando a la derecha una trocha menor que sube a la cima de Azketa zigzagueando. Se pasa junto a una pradera con un par de pinos en la que habitualmente pasta un rebaño de cabras. Las vistas se extienden sobre el valle de Eibar. El camino asciende sin demasiada pendiente hasta un nuevo cruce donde giraremos a la derecha, a apenas una veintena de metros está el collado de Azketa.

Desde este collado, hacia la derecha, se llega enseguida a la pequeña cima de Azketa, de frente el camino lleva hacia Kalamua, yo fui hacia la izquierda, ascendiendo una pequeña loma que entre coníferas lleva en pocos minutos al collado de Akondia.

Inmediatamente antes del collado comienzan a verse restos de trincheras, en este caso del bando franquista y que por Azketa iban hasta Arrate. Es habitual encontrar en esta zona una manada de caballos que anda más o menos libre por las cimas desde Akondia hasta Kalamua.

El camino sigue de frente cruzando el collado y subiendo junto a un pinar hasta alcanzar la semillanura de la cima. Llegaremos a ella por lo que fue tierra de nadie entre trincheras. En el lado izquierdo la trinchera republicana y en el lado derecho la trinchera franquista empieza junto al mismo camino. Subí junto a los restos de la trinchera hasta alcanzar la cruz cercana a la cima, a su alrededor se ven muy bien los restos de trincheras franquistas que se extienden por toda la cima. La cruz misma se levantó sobre el lugar en el que murió el capitán Matías Zaragozano aunque le han arrancado la placa y está parcialmente desguazada porque debajo se enterraron restos de armamento y material de guerra encontrado en la zona. La cima espera pocos metros más allá con un pequeño buzón.

Las vistas son de 360º y en días claros se extienden desde el Jaizkibel, Peñas de Aya o las playas francesas hasta el Gorbea, el Oiz, Amboto, Udalaitz, etc, y por supuesto la franja más cercana de la costa y montes costeros vascos.

Avancé dejando a un lado la cruz hasta la trinchera republicana, mucho más profunda y fuerte que la franquista, tras cruzar el enorme socavón y dar vista al valle de Aguinaga giré a la izquierda. Dos pequeñas planicies muestran la existencia de escombreras en las que se tiró la tierra de la mina. Enseguida se encuentra. Es un túnel de varias decenas de metros que fue excavado en plena batalla por mineros asturianos con intención de llegar debajo de las trincheras franquistas, llenarla de explosivos y hacer estallar la cima de Akondia, no les dio tiempo a terminarla y queda el enorme agujero como recuerdo. Sobre ella se ven aún restos del antiguo nido de ametralladoras.

Seguí la linea de trincheras hasta un rellano que deja el pinar a la izquierda. Desde allí un camino baja con pendiente fuerte entre los pinos y después hace un par de zigzags, siempre en bajada e ignorando otros caminos que ascienden, hasta llegar a un camino amplio y llano. De frente se llega inmediatamente a Usartza donde se puede reponer agua y usar sus bancos y mesas para descansar.

A la izquierda de Usartza una carretera baja hacia Ixua, por la derecha lo hace un camino llaneando. Opté por el camino, rodea una pequeña colina dando vista al valle de Aguinaga y enseguida, entre burros, se llega a Ixua. Al llegar a un caserío hay una salida cerrada, se puede evitar bajando por la derecha a través de un par de cancelas en las que suele haber ovejas.

En Ixua se puede tomar un refresco o picotear algo, en mi caso una ración de croquetas. También hay merendero y unas excelentes vistas sobre el valle de Eibar así como un buen (y relativamente duro) acceso a la cima de Urko. Yo volví hacia Usartza, esta vez por la carretera y subí a ver la pequeña ermita de San Pedro antes de volver a Usartza y tomar la pista que va llaneando a media ladera hacia la izquierda según se baja de la ermita. Akondia fue célebre en el medievo por varias batallas entre banderizos que hubo en sus cercanías y quizá ahí esté el origen de la pequeá ermita.

La pista llanea hasta alcanzar la carretera de Arrate, se cruza y el sendero sigue recto hasta descender por un carril profundo excavado a pico, ignoro si fue trinchera o si fue camino carretil. Desemboca en las praderas cercanas a Santa Cruz. La ermita ocupa una pequeña colina y tiene un pórtico de madera y mesas y bancos dispersas por sus praderas. Tras el pinar, muy cerca, están las antiguas escuelas de este barrio rural, hoy abandonadas.

Tras volver sobre mis pasos sigo la pista de cemento que va hacia la izquierda llaneando y al llegar a un cruce desciendo a la izquierda. Pasa sobre un caserío y sigue recta, con una breve subida, la última del día. Tras cruzar un pinar comienza su descenso, pasa serpenteando un bonito y pequeño hayedo y comienza su descenso. A la derecha queda una enorme encina junto a un caserío y continúa el descenso hasta otro cruce. De frente, llaneando, un caserío. Mi ruta sigue hacia la derecha, descendiendo hacia el valle. No se tarda mucho en llegar tras unos zigzags. La pista ya asfaltada llega a las primeras fábricas del polígono industrial de Matsaria. Basta con seguir bajando junto a las fábricas hasta llegar al puente de la variante, pasamos por debajo y se sigue entre viejas fábricas hasta alcanzar la vía del tren, que se pasa por una pasarela, a la altura de la estación.

Basta con girar a la derecha por la calle Estaziño y después seguir la carretera nacional hasta alcanzar las cercanías de la iglesia y la propia plaza de Untzaga junto a la que cogí el bus a Arrate (en la calle san Juan, junto al bar Vivaldi). Dando por acabado el recorrido con un refresco en alguna de las muchas terrazas.
Un templo del siglo XVII que fue muy reconstruido tras la guerra al sufrir grandes daños. Lo más interesante es su la escultura gótica de la virgen con el niño de principios del siglo XIV, rodeada por 4 cuadros del pintor Zuloaga en agradecimiento por la curación de una sobrina. El techo es un artesonado de madera con forma de quilla de barco puesta del revés de la que cuelga un velero regalado por pescadores de Ondarroa en el siglo XVIII. La leyenda dice que las mujeres que vean asomar una pierna de bebé del barco se quedarán embarazadas en el año siguiente, así que ojo. También destaca la reja que separa la entrada del templo y la escalinata de madera al coro.
Desde la parte trasera del santuario, tras su ábside, hay un mirador. Las vistas se extienden de izquierda a derecha desde la cima del Kalamua, bajando hacia la costa por las pirámides del Arno hasta verse el mar al final del valle del Deba. Queda justo debajo la ermita elgoibarresa de san Pedro. Más a la derecha los montes que rodean Lastur, el valle de san Lorenzo de Elgoibar, las cimas de Izarraitz y el Ernio, la cima de Karakate más cercana y con antenas y se extiende el panorama hasta cerrarse en Aizkorri. Antaño el ábside se pintaba de blanco y se ponían faroles de modo que los marineros, en caso de tormenta, podían avistar la pared iluminada de Arrate usándola como faro ya que al dirigirse hacia ella se alcanzaba la bocana de la ría de Deba, por eso el santuario, pese a la lejanía del mar, tiene mucha devoción entre los pescadores.
El Tiro a Pichón, en una ciudad con la tradición armera de Eibar, era inevitable. Es más habitual verles disparando a platos que a pichones. El bar tiene amplias terrazas con excelentes vistas y es una buena primera parada para tomar un refresco antes de iniciar el camino.
Un hayedo anciano se abre entre el santuario y la cruz con fuente, bancos y mesas, parrillas y zona de juegos infantiles es una zona habitual de reunión para los eibarreses en cuanto asoma el sol y el calor del verano.
La cruz de Arrate es otro lugar muy querido por los eibarreses, recientemente se ha mejorado la zona ampliando una explanada y retirando una vieja antena. Es una cruz del siglo XVII y la leyenda dice que las mujeres que den tres vueltas a su alrededor encontrarán novio. Si bueno o malo, no se sabe. Las vistas se extienden sobre Eibar y el valle del Ego llegando hasta el Anboto. El campanario del santuario asoma sobre las hayas. Durante las obras para mejorar la explanada se encontró una fuente seca de origen celta, probablemente el lugar es sagrado desde tiempos prerromanos.
La pista de arrastre ocupa una porción del principio de las campas, en ella se celebran las tradicionales pruebas deportivas de deportes rurales vascos, especialmente la de arrastre con bueyes estando las piedras de distintos pesos, entre varios cientos de kilos y más de una tonelada, en los alrededores.
La campa de Arrate es una llana explanada entre el santuario y el hotel Krabelin, rodeada por hayas en ella se realizan las fiestas de septiembre con el escenario y las txoznas. En ella hay amplias mesas y parrillas en las que pasar el día.
El hotel Krabelin, además del único alojamiento de Arrate, dispone también de bar en el que picotear algo antes de ponerse realmente en marcha.
Desde detrás del hotel Krabelín un senderito sube entre hayas hacia la campa de arriba, como la llamábamos de niños, o campa de Olabe, como se conoce más generalmente. Realmente no me gustaba demasiado porque quedaba más lejos de los columpios y daba demasiado el sol en verano. La campa está sobre una amplia y llana plataforma de más de un centenar de metros de anchura y longitud. La rodean varias filas de árboles y en su interior solamente existe un enorme y viejo pino con un columpio hecho con una cuerda colgando de sus ramas. En origen la explanada era usada por el chalet de Juan Olave, fundador de El Casco, una de las fábricas eibarresas más conocidas, especialmente por sus grapadoras. El chalet fue dinamitado por ETA en los años 70 sin dejar el menor rastro y, afortunadamente, sin causar heridas a nadie. Posteriormente el ayuntamiento la compró y ahora es una campa más con enormes vistas de 360º, las mejores de Arrate.
Este enorme pino es el único resto que queda del chalet de Olabe que estaba pegado a él, entre el pino y el borde del terraplén. Es la única concesión arbórea del interior de la campa y el columpio-cuerda lleva en él desde que tengo memoria.
Merece la pena disfrutar de las vistas de la campa y de paso observar una curiosidad geológica fácil de ver en Arrate y zonas cercanas de Elgoibar y Placencia, la lava en almohada. Tanto en la carreterilla que una la campa de Olabe con la carretera entre Eibar y Arrate como en esa misma carretera en su tramo entre la campa de Olabe y la campa de Arrate es fácil ver restos de esas almohadillas en los taludes excavados para hacer ambas carreteras. Este tipo de almohadilla surge cuando un volcán submarino entra en erupción bajo el agua, la lava, al enfriarse rápidamente con el agua, adquiere forma de grandes bolas o huevos similares a almohadillas o cojines. Video de la formación de estas almohadas de lava https://www.youtube.com/watch?v=xsJn8izcKtg Así era Arrate hace 60 millones de años.
Tras bajar de la campa y llegar a la carretera se sigue por el asfalto en dirección a Eibar. La carretera asciende suavemente dando vistas a la ermita elgoibarresa de san Pedro. Pronto se llega a un cruce en el que un camino de tierra sale por la derecha y se aleja llaneando de la carretera, se sigue por él.
En pocos metros se llega a un cruce señalado por un poste, el camino sigue por el camino de la izquierda que enseguida aumenta de pendiente y llega a una pradera donde habitualmente hay cabras.
La campa de las cabras se abre sobre el valle de Eibar con amplias vistas, pero uno acaba más entretenido viendo a las cabritillas dando saltos y acercándose a la espera de un poco de comida. El camino asciende pegado a la reja de la campa de las cabras.
El camino asciende y vale la pena pararse a mirar los caseríos, las montañas hacia el sur de Eibar o la loma sobre la que está la ermita de Santa Cruz por donde va el camino de vuelta. Queda a la derecha al inicio del camino la senda que sube hacia Azketa, mi ruta sigue de frente bordeando la campa de las cabras hasta adentrarse entre los árboles.
El camino llega a lo más alto y se alcanza un cruce señalado con un poste, la ruta sigue hacia la derecha para alcanzar el collado de Azketa en menos de un minuto.
El collado de Azketa es una agradable y pequeña planicie y un cruce de caminos, de frente se sigue hacia Kalamua, a la derecha y a poca distancia queda la cima de Azketa y mi ruta sigue hacia la izquierda, ascendiendo una pequeña loma antes de llegar al collado de Akondia.
Incluso el nombre de loma le viene grande. Realmente es una breve pendiente que se adentra en un bosquete de coníferas y enseguida comienza a llanear para descender muy ligeramente hacia el collado de Akondia, inmediatamente antes de llegar podremos ver a la izquierda,adentrándose en los árboles, los primeros rastros de trincheras. Entramos en un viejo campo de batalla.
El collado de Akondia es otra pequeña planicie que en verano se cubre de helechos y donde empiezan a verse a las manadas de caballos que pululan entre este punto y la cima del Kalamua al son de sus apetencias. Junto al collado está la rampa final de ascenso al Akondia, yo opto por el camino grande que sube junto al pinar.
Se trata de un pino que queda junto al camino, con ramas retorcidas y de una especie distinta a los pinares que hay a su lado. Es un árbol sin importancia en general, excepto para mí. Cuando era niño, no hace tanto, desde mi colegio se veía la redondeada cima de Akondia, en su ladera una plantación de pinos jóvenes y sobre ellos, casi en la cima, un árbol grande y solitario que creía que era una encina. Le veía allá arriba, similar al árbol del anuncio de National Netherlanden, al sol muchos días, rodeado por nieve otros, en una colina tan redondeada y visible. Tardé muchos años en subir y quizá le debo mi afición a las caminatas al deseo de subir un día de sol a ese árbol y sentarme a su sombra. Hoy en día los pinos de la plantación son más altos que él y desde su tronco no se puede ver Eibar, incluso ha quedado empequeñecido y mi temor es que talen el pinar y no tengan piedad de este pino mucho más viejo y que se merece, algún día, volver a ser el árbol solitario de la cima de Akondia. El camino lo deja a la izquierda y enseguida reduce su pendiente para alcanzar una zona descampada de praderas con vistas a la cruz de Akondia y a la tierra de nadie entre ambas trincheras.
Las trincheras franquistas y un refugio ocupan la totalidad de la cima de Akondia entrecruzándose. Choca ver en un lugar realmente idílico, una amplia cima casi plana, cubierta de cicatrices de trincheras y los cientos de obuses que destrozaron la cima y que aún se perciben en la tierra de nadie. La cruz se puso sobre el lugar en el que murió un capitán requeté de Navarra aunque le han roto la placa y la cruz ha sido parcialmente desmantelada por buscadores de material bélico para colección ya que los restos que se encontraron en la zona se enterraron en ese punto. Tiene un punto de dolor pensar en las decenas de jóvenes que murieron o se dejaron la salud en este lugar en una guerra en la que, realmente, ni pinchaban ni cortaban, solo ponían la sangre y la salud. Media familia mía combatió en cada lado sin mayor afinidad ideológica que la de haber quedado a un lado u otro de las líneas. Cuando pienso en la guerra me acuerdo, esencialmente, de todos aquellos chavales que de una manera u otra acabaron en sitios como este dándose panzazos y dejándose el pellejo, por ideales, manipulados u obligados por las circunstancias y la cicatriz del terreno es un recordatorio, al menos para mí, de todos ellos.
Poco más arriba de la cruz y entrecruzándose las trincheras está la leve cima de esta montaña redondeada. Parece que Akondia sufre alguna maldición que contrasta con su belleza y lo atípico de su cima plana y amplia. Lo digo porque la primera mención a la cima es en un documento medieval en el que se menciona una batalla entre dos bandos nobiliarios con unos cuantos muertos. La venganza fue el incendio de la casa torre de Unzueta, al pie de Arrate, con otro puñado de muertos y una nueva batalla en Akondia como nueva venganza. Dejando de lado el pasado, las vistas, por lo demás, son amplísimas en 360º a la redonda. Por el norte el pequeño Garaigutxi y el Kalamua sirven de divisioria, hacia la derecha quedan el Arno y el mar, Izarraitz y Ernio, Kaizkibel y Peñas de Aya, incluso las playas del sur de Francia. Al este van viéndose Aralar y Aizkorri hasta llegar al Udalaitz, Amboto, el cercano Urko, el Gorbea, Oiz, Bedartzandi, el valle de Markina y las montañas costeras vizcaínas antes de volver a la cima de kalamua. Merece la pena disfrutar de la plana cima y del paisaje que la rodea por los cuatro costados.
Bajando de la cima y dejando la cruz a la izquierda se desciende por la tierra de nadie hacia las trincheras republicanas cuyos montículos se ven al fondo. Es una pendiente ligera que desciende desde las trincheras franquistas de la cima hacia las republicanas avistándose el barrio eibarrés de Aguinaga al fondo. Su máximo interés es el de pensar en las duras batallas que hubo en esta pequeña franja de tierra. Hubo ataques de ambos bandos, sin demasiado éxito, en el que fue el frente más duro durante meses, muchas veces bombardeado y constantemente cruzado por las balas y los insultos. Parece mentira. Finalmente ninguno de los dos bandos logró tomar las posiciones del otro porque el frente se desmoronó en las cercanías de Elgueta teniendo que abandonar los republicanos a la carrera estas posiciones.
Las trincheras republicanas eran mucho más elaboradas que las franquistas, el enorme agujero en el terreno marca perfectamente su ubicación por más que las décadas lo hayan disimulado, tras 80 años aún se ve el hueco de dos metros de profundidad en las que se ubicaban. Hay que pasar por pequeñas sendas el enorme agujero para pasar al otro lado donde se abren amplísimas vistas sobre el valle de Aguinaga y Urko.
Pegada a las trincheras se encuentra la mina, en su parte trasera. Pueden verse dos terraplenes generados por los escombros de la misma y en verano, con la hierba alta, pasa incluso desapercibida. De hecho la construyeron pensando en que pasase desapercibida para la aviación franquista y aunque los defensores de la cima llegaron a sospechar que la estaban haciendo acabaron descartándolo... pese a ser cierto. La mina fue excavada por mineros asturianos y se adentra en la montaña con dirección a las trincheras franquistas de la cima. La intención era llegar justo debajo de las mismas, llenar la mina con explosivos y dinamitar la cima como paso previo a un ataque para tomarla. La mina se adentra varias decenas de metros en la montaña pero no les dio tiempo a terminarla. Décadas después varios miembros de ETA la usaron como galería de tiro. Está visto que algo de gafe tiene esta preciosa montaña. Sobre ella aún pueden verse restos de cemento del que fue nido de ametralladoras.
Al salir de la mina se abre de frente el valle de Aguinaga y hacia la izquierda, sin llegar a cruzar de nuevo las trincheras republicanas, se ve un pinar y un rellano, la ruta sigue por allí. Un camino bien marcado se adentra en el pinar con fuerte pendiente, después gira a la derecha y va descendiendo la ladera con un par de zig zags. Hay un cruce, basta con seguir siempre hacia abajo y se llega finalmente a un camino amplio, ya fuera del pinar, junto a una pradera. Hay que seguir hacia la izquierda (realmente en línea recta) y enseguida se alcanza Usartza y el cruce hacia el caserío y ermita de Akondia.
El pequeño collado de Usartza es uno de los dos que se abren entre Akondia y Urko, tiene fuente y una buena cantidad de bancos y mesas en los que descansar un poco, antiguamente había un asador que le daba mucha vida al lugar que ahora, entre la densidad de su arbolado (ideal en verano) y que queda algo apartado es un lugar poco frecuentado. Una pequeña colina separa Usartza de Ixua, por el lado izquierdo una carretera une ambos lugares, por la derecha lo hace un camino. Opté por ir por la derecha, pasando junto a un txoko y pasando una cancela para ir llaneando por el camino de tierra hacia Ixua. El camino va entre el txoko y el merendero de Usartza, no confundir con otro camino que desciende hacia Aguinaga por detrás del txoko.
Tras pasar la cancela el camino continua llaneando y bordeando la pequeña colina que separa Usartza de Ixua. Pronto las vistas se amplían sobre el valle de Aguinaga y es usual encontrarse con ovejas y con un amplio rebaño de burros que andan sueltos por el cerro, he llegado a contar una decena en ese punto. El camino llega finalmente a un caserío, ya en Ixua. La cancela principal la encontré cerrada, pero encontré un acceso bordeando el caserío, dejándolo a la izquierda. Tras pasar dos cancelas se llega a la entrada del caserío con perros ladradores dentro. Una pista de cemento termina en menos de un minuto junto al asador de Ixua.
En Ixua hay un agradable merendero con vistas hacia el valle de Aguinaga además del asador en el que tomar un refresco o picotear alguna ración. Las vistas desde los bancos de su parking hacia el valle de Eibar con la sierra de Aizkorri en el horizonte son una delicia. Un camino asciende a Urko en apenas 30 minutos de subida, para el que esté interesado. Yo tras comer una ración de croquetas con una coca cola y un café, volví hacia Usartza por la carretera que va por la parte trasera del asador.
Desde Usartza la carretera de Ixua se dirige hacia la carretera que une Eibar con Arrate. Nada más dejar atrás el merendero una pista de cemento sube hacia el caserío Akondia con fuerza. Está cerca y vale la pena subir la fuerte pendiente, por las vistas sobre el valle de Eibar y por ver la sencilla ermita de san Pedro, quizá levantada en recuerdo a aquellas batallas medievales de esta montaña. Tras verla se retorna a Usartza y se continua por la pista que de Usartza lleva llaneando a la carretera de Arrate.
Tras abandonar Usartza la pista asfaltada va llaneando entre pinares y bordas hasta alcanzar la carretera de Arrate. Se cruza, con cuidado, y se sigue de frente ignorando los cruces y en línea recta. El camino comienza a descender por un camino entre árboles y excavado en una profunda trinchera, ignoro si de la guerra o si de un antiguo camino, bello en cualquier caso. Por esta zona se extendían las trincheras republicanas en dirección a Eibar.
Pronto se da vista a la ermita de Santa Cruz entre las praderas, sobre una pequeña colina. Se llega a una pista de cemento por la que habremos de volver. El camino va en línea recta hacia la ermita, pasa una valla de madera y asciende por la colina hacia la ermita.
La ermita ocupa una pequeña colina con preciosas vistas sobre las praderas circundantes, Akondia, Urko, Arrate, etc. Tiene mesas y bancos alrededor y una fuente. Durante la guerra toda la zona estaba fuertemente atrincherada y hubo que restaurar la ermita ya que quedó muy dañada. Tiene un buen atrio porticado protegido por madera en el que guarecerse si el tiempo no acompaña.
Siguiendo lo alto de la loma, tras el pinar que hay junto a la ermita, se llega enseguida a las viejas escuelas de santa cruz. De hecho el viejo camino desciende por esa loma hacia Eibar, yo preferí bajar por la pista de cemento. No queda mucho de las escuelas ya que llevan décadas abandonadas y están en ruina progresiva. Llama la atención que esté tan alta, seguramente hace unas décadas la ermita y las escuelas eran el punto de reunión de los vecinos. Qué pereza subir cada mañana hasta la escuela.
Tras bajar de la ermita y volver a la pista de cemento giré a la izquierda, la pista va llaneando hasta un cruce, de frente la pista llanea hasta la carretera de Arrate, yo bajé por la izquierda hacia Eibar.
El camino encementado baja dejando muy abajo un caserío y amplísimas vistas a todo el valle que baja hacia Matsaria. Se llega a un cruce, una pista baja hacia el caserío a la derecha y yo sigo de frente por una breve subida en un pinar antes de empezar el descenso definitivo.
La pista llega a un viejo hayedo entre el que zigzaguea la pista, realmente es una reliquia de cómo fue el paisaje vasco antes de los pinares. Sobre el hayedo se ve la vieja escuela de santa cruz y el camino sigue su descenso por la ladera.
El camino se va aproximando a un caserío con una enorme encina sobre él, un árbol un tanto extraño por estas tierras y que parece una mínima porción de paisaje extremeño trasladada a una fuerte ladera del País Vasco. Un árbol singular. El caserío tiene junto a la puerta un amplio aljibe con patos y una buena fuente.
El camino llega a un nuevo cruce, de frente se ve un caserío tras un trozo de pista llano, sin embargo mi ruta sigue por el camino de la derecha, iniciando un rápido descenso hacia el valle de Matsaria. Pronto se alcanza el riachuelo y el camino va a su vera hasta adentrarse en el polígono industrial de Matsaria. Basta con seguir por el fondo del valle, pasando bajo la variante y entre fábricas para llegar al final a la estación de tren en un tramo sin mayor interés.
Una pasarela pasa sobre las vías llevando a la estación de Euskotren. Los que sigan hacia la plaza solo tienen que seguir por la calle Estación-Estaziño.
Enseguida se llega a la fuente de los 4 caños, donde se gira a la derecha por Errebal hasta alcanzar el ambulatorio y la calle peatonal Toribio Etxeberria, a los pies de la iglesia de san andrés.

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